Relatos Porno

Recomiendo la lectura de la primera parte para poder seguir mejor el contenido del relato. Está publicada en la categoría de confesiones.

 

La segunda ocasión en la que alguien solicitó mis servicios fue una semana más tarde. Recibí un correo de un hombre, lo que me extrañó, pues en el anuncio había dejado claro que me ofrecía solo a mujeres.

Seguí leyendo el correo y todo se aclaró: aquel hombre me contaba que tenía 53 años y que llevaba 2 casado con una mujer joven de 26. Él era español, pero su esposa era rusa. Quería contar con mis servicios para satisfacer una fantasía que tenía su esposa: que un desconocido estuviese mirando mientras ellos hacían el amor. Me dejaba claro que mi papel sería únicamente limitarme a mirar, nada de tocar ni participar activamente. Él se oponía en rotundo a que otro hombre follara con su mujer y me especificaba que había accedido a la fantasía de su esposa bajo la condición de que yo solo mirase. Terminaba diciendo que le parecía bien el precio de 50 euros por mi servicio y la entrega de la braguita de su mujer. Dejaba un número de móvil para que contactase con él.

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14 abril, 2014

Ella salía de casa vestida para la ocasión, Semana Santa Sevillana, mujeres preciosas y hombres elegantes.

Vestido azulado, con generoso escote y preciosas piernas subidas a unos zapatos de infarto, melena suelta moldeada por el viento, ojos y labios pintados, una mujer perfectamente arreglada, con mimo, exquisitamente vestida para la ocasión. Una mujer más de las miles que salen con sus mejores galas del brazo de sus novios o maridos.

 

Pero Sandra solo era una mujer más a primera vista, a primera pasada, pero bajo su vestido, bajo su mirada esconde un calor que desde hace algún tiempo es insoportable, le quema y llena sus madrugadas de lujuria, acariciándose a solas, pensando en qué y cómo podría pasar para que aquella lujuria que recorre cada poro de su piel se convirtiera en realidad.

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“Nos rendimos al Amor”

Lunes – Ana Cristina

Pase toda la noche del Sábado y parte

del Domingo en la cama con Mónica.

Me siento débil y somnolienta.

Toda la semana tendré exámenes.

Le pido a Flavio que la investigue

Quiero saber con quien me acuesto.

Flavio Si yo la investigo pero voy a necesitar un cheque tu sabes mis honorarios oye vamos al bar donde se reúnen a la salida todos los de la universidad.

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Me convertí en ama de casa, cada vez mas femenina y a mi esposa no le importo mas bien le gusto.Yo feliz.

 

Empece a tomar hormonas y en muy poco tiempo he sentido muchos cambios, Tambien es el hecho de que ya estoy todo el dia y todos los dias como mujer.

 

Le dije a mi esposa que me gusta que me diga Claudia, era el nombre de mi abuela, murio cuando yo era peque.

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Al llegar en la madrugada al departamento, me estabas esperando como cual esposa amargada y celosa, porque cuando me meti a duchar y al salir te descubri oliendo mi ropa; cuando te sorprendi en esas, solo me dijiste, donde estabas?? La ropa no huele a marihuana, huele es a cigarro, fuiste a una discoteca?? Parecias una forense dictaminando eso.

 

solo ignore tus preguntas en tono de reproche, te quite la ropa de la mano y la meti en la lavadora y la puse a lavar, y seguido me encerre en mi cuarto,  y te deje ahí con tu rabia, tu ya me lo haz hecho mucho amor, dejarme enojado y arrecho, venia relajado y no mi importo tu enojo. Me despertó al medio dia fue carolina con besos en toda mi cara y cabeza, esta en la calva me dio besos sin asco, y sin tener cuidado solo estaba feliz y efusiva. Dime tu quien no se despierta feliz asi?, solo me rei de sus arrumacos. Cuando abri los ojos que desperté bien, me dijo carolina, despierta cayiii que se va el 2013 y viene el 2014 trayendonos cosas buenas y salud para tiii… en tono alegre, sincero, efusivo. Yo solo la abrace muy muy fuerte.

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Elisa: y supe que usted pago los exámenes del muchacho

Gabriela: Bueno y pasé una gran pena, porque olvidé mi cartera en la constructora, pero firme algo allí y me van a enviar la factura. Tuve que mover el carro de aquí, está parado allá, Vamos?

Elisa: ok, vamos (sonriendo un poco nerviosa)

Ya en la camioneta mientras Gabriela conducía había un silencio incómodo

Gabriela: ¿quieres que ponga música?

Elisa: Me da Igual. (Seguía nerviosa y desviaba la mirada de Gabriela)

Gabriela: La verdad es que no pareces la misma mujer que llegó a la construcción amenazándome.

Elisa: ¿que quiere decir?

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Sé que has quedado con tus amigas en tu casa para merendar. Antes de que lleguen abrirás el paquete que recibiste ayer. Dentro hay una prenda de ropa interior. Te la pondrás. Encima puedes ponerte lo que quieras, pero si es una falda no debe pasar de las rodillas. Tendrás puesta esta prenda toda la tarde. Luego estás invitada a cenar en casa de tu hija. A las ocho. No puedes cambiarte antes de ir. De hecho no podrás quitártela hasta que te la quite Simón. Ya sabes que una vez que acabe la aventura deberás escribir tus sentimientos.

Aviso: Este e-mail es de obligado cumplimiento.

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Desde el momento en que envié el e-mail empecé a vigilarla a través de las cámaras que habíamos instalado. Yo la seguía desde mi tablet, con cuidado de que mi mujer, Inma, no me viese.

A las cinco menos veinte subió a su habitación, abrió el paquete y miró las braguitas con cara de sorpresa. La vi mirar en la entrepierna. Después se fue al cajón donde tenía los pañuelos. Yo sabía que ahí tenía el pañuelo rojo para negarse. Abrió el cajón, sacó un pañuelo rojo y se quedó mirandolo. Miró hacia la cámara que había en su habitación, dudó un momento y por fin volvió a guardar el pañuelo rojo. Había decidido hacerlo.

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Hermana mayor de Jorge, cuñada de Ana, mas o menos de la edad de mi esposa, les acompañó a casa una tarde, porque les habíamos comentado que Gloria, la persona que nos atendía dos horas por semana la cuestión de limpieza en casa, ya no podía continuar. Gloria es una persona ya mayor y la verdad, por su propia iniciativa, quería dejarlo, mas cobrando su paga de viuda.

Laura es divorciada, bastante activa en su vida, siempre tratando de solucionar cosas para obtener, al menos, una calidad algo mejor en ella. Después de que Mai le mostrara la casa y, le explicara lo que necesitaba sobre ella, sentados en la sala, hablamos de sueldo y tiempo de trabajo.

Acordamos que vendría dos veces por semana, los martes y los viernes, ambos días en horario de mañana, presuponiendo que, con dos horas cada día, podría cumplir sobradamente los trabajos encomendados, para ello acordamos que cobraría a razón de cuarenta euros jornada de trabajo.

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Luces. Color. Grandes y coloristas letras rodeadas de bombillas que desprendían un intenso y brillante fulgor que parecía tomar el testigo del sol, desafiaban al atardecer que se cernía poco a poco sobre la Gran Vía. Todo estaba engalanado en la fachada del Coliseum. Aquella ciudad afortunada por albergar aun la mítica sala, respondería con la prolija asistencia de público. Flanqueada por dos columnas jónicas y, a modo de felpudo, escasos pero amplios escalones, la holgada entrada invitaba a los espectadores a pasar. En el añejo hall, que aun conservaba cierta distinción, a mano izquierda, se encontraba la taquilla; una minúscula ventanilla, enmarcada en un cristal translucido que solo dejaba entrever una boca, una voz y una manos que dispensaban el billete que daba acceso al espectáculo.

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El día que conocí a Sergio, intuí que cambiaría mi vida, solo que nunca sospeché que supusiese un cambio tan drástico. Llevábamos algunos meses saliendo juntos, y nuestra relación era bastante buena, a pesar de algún que otro altibajo. Él tenía sus manías y yo las mías, y siempre habíamos encontrado el modo de compatibilizarlas de forma satisfactoria para ambos; en ese aspecto ninguno de los dos teníamos motivo de queja. Pero su carácter era más rebelde e inconformista que el mío, y yo siempre trataba de adaptarme a él, temiendo que un día se cansara y buscase a otra que le diese lo que quería. En el fondo, dicha adaptación nunca supuso mayor problema para mí, porque fui asimilando su forma de pensar y de vivir la vida, llegando a convertirla en parte de la mía.

Una de sus preferencias sexuales, la que más morbo le producía, era verme follar con otros y, por descontado, participar él también. Aquella práctica le motivaba hasta límites insospechados. Cuando dichas situaciones se producían, yo le observaba mientras su amigo de turno me follaba salvajemente por delante o por detrás. Su mirada apacible y tierna se transformaba en la de un ser perverso, en la de un individuo capaz de llegar hasta el límite con tal de satisfacer sus instintos. Entonces parecía calmarse, y durante una temporada volvía a ser el chico encantador que me colmaba de atenciones y que a todo el mundo caía bien.

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