Relatos Porno

27 febrero, 2013

Como cada año, mi familia se reunía en la fiesta anual, el “Gallardo-Fest” estaba a punto de comenzar. La fiesta era algo así como una tradición, ya que mi familia es muy grande y vivimos en diferentes lugares. Hace un año que no veía a mis tíos, en especial a mi tía Elena que es muy guapa, y claro, algunos años mayor que yo. Nunca había notado lo guapa que es… En realidad si, pero nunca me había llamado tanto la atención. Nunca fui de esas pervertidas que tienen todo tipo de fantasía con sus tías guapas, pero cuando la vi, mi mente no paraba de volar. Aquella noche la haría mía, y para mi suerte ella es divorciada, así que seguro no habría ningún impedimento.

Aquella tarde llegó con un vestido muy bonito, blanco y arriba de la rodilla, un poco holgado, le sentaba muy bien a su figura de unos no notables 50 años. Al parecer mi mirada llena de lujuria no era discreta, ya que ella me miró de una manera muy coqueta. Decidí acercarme y por fin hablarle.

 

-Hola-

-Hola-

-¿Qué tal les ha ido?- Dije un poco desesperada.

-Muy bien, mi niña, ¿ y a ti?- Eso me excitó un poco.

-Bastante bien- Entonces discretamente decidí mirarla de arriba a abajo.

-¿Te gusta mi vestido?- Preguntó ella en un tono muy sensual.

-Si, es… muy bonito-

-Ya vuelvo-

-Claro, se van a quedar en la casa, ¿verdad?-

-Siempre es así-

-Claro…-

 

Mis platicas de adolescente inexperta no me ayudaban mucho, así que mi fantasía se iba esfumando, hasta que ella volvió a aparecer.

 

-¿Por qué tan sola, mi niña?-

-Nada, estoy un poco cansada-

-¿Te quieres ir ya?-

-Si, bueno no… Digo, esperaré a que termine la reunión-

-¿Por qué no te vas ya?-

-Porque todos están en plan alegre y mis papás no me van a dejar ir sola a la casa-

-¿Sabes?, yo también me siento cansada, vámonos a tu casa, estarás conmigo- Esto ultimo lo dijo de una manera muy sugestiva.

-Eh, si… Ahorita le aviso a mi mamá y nos vamos-

-Si, dile que te vienes conmigo- Entonces me guiñó un ojo y yo me excité demasiado.

-Si-

 

 

Cuando llegamos a casa se quitó los zapatos y se sentó en la sala.

 

-Eh, bueno, si quieres puedes subir al cuarto y ponerte cómoda- Dije un poco nerviosa.

-No, quiero quedarme un rato aquí-

-Bueno… ¿Gustas algo?-

-¿Me podrás dar lo que quiera?-

-Si lo tenemos, yo creo que si-

-Pues yo creo que solo tu lo tienes- Entonces se acercó a mi y me tocó la entrepierna.

 

Cerré los ojos y emití un pequeño gemido.

 

-Si lo tienes- Dijo metiendo sus manos en mis bragas.

Yo no podía articular palabra alguna, solo atiné a besarla. Entonces sentí su lengua húmeda profanando a mi boca, la tomé del cuello y la acosté en el sillón, ella aun no sacaba su mano de mi entrepierna. Me quité la blusa y la seguí besando, entonces se separó.

 

-Jajajaja, ¿quién diría que mi niña ya no es tan niña?- Dijo en un tono demasiado excitante.

-Pues hoy ya lo dijiste tú- Dije desesperada.

-Uy, pero que sería-

 

Solo la miré, fue entonces cuando sentí que su mano ya no se encontraba en mi entrepierna, ahora me rodeaba el cuello con sus dos manos. La besé y le agarre las piernas, y fui subiendo mis manos hasta llegar a su entrepierna, entonces sentí que no llevaba bragas, mi curiosidad aumentó y le toque los senos, fue cuando comprobé que de plano no llevaba nada de ropa interior. Ante ese descubrimiento solo pude sonreír.

 

-¿Te gusta lo que sientes?-

-No sabes cuanto, tía-

 

Decidí que ya habíamos platicado mucho, entonces la callé con un beso, metí mi lengua en su boca mientras mis dedos jugaban con su clítoris, se escuchaba un excitante ruido, era el sonido que hacían mis dedos al hacer contacto con su mojada vagina. Me excitaba sentir su  vagina totalmente depilada, era una sensación única.

 

Saqué mi mano y subí a besar su cuello, lo mordí y ella comenzó a gemir. Le di besos a sus hombros mientras bajaba los tirantes de su vestido, se lo bajé hasta la mitad mientras besaba sus senos, eran hermosos, de tamaño mediano y un pezón muy excitado. Me gustó ver que su pezón se ponía rígido por mis caricias, se los chupe y chupe, ella gemía y escucharla me excitaba cada vez más. Le quite el vestido, este quedo en el piso, pero no importó. La tuve totalmente desnuda en el sillón, a mi entera disposición, recorrí con caricias todo su cuerpo, sentí la suavidad se su piel con mis dedos.

-¿Qué esperas? ¿O es que ya te dio miedo?-

-¿Miedo?- Dije confundida.

-Si-

-Ya quisieras-

La besé desenfrenadamente por todo el cuerpo, mis manos la recorrían una y otra vez, y de pronto note que ya no la podía hacer esperar. Abrí sus piernas y me encontré con su paraíso depilado, sonreí de la excitación y besé la gloria. Mi lengua degustaba un delicioso clítoris mientras ella se acariciaba los senos, besé su vientre. Con una mano le acariciaba su pecho izquierdo y con la otra le agarraba las nalgas, mi lengua seguí muy entretenida con escondido paraíso. La voltee y le di una pequeña nalgada, eso me excito más y al parecer a ella también, ambas estábamos muy mojadas. La penetré con mi lengua, y una de mis manos seguía dándole pequeñas nalgadas. Ella no paraba de gemir, sus gemidos eran fuertes y entrecortados.

-Ah… ah… ah… ah… mmm, ¡sigue!-

Eso era  lo que deseaba escuchar, así que mi lengua jugaba dentro de su vagina, las penetraciones eran cada vez más rápidas y movía constantemente mi cabeza de posición, ella comenzó a moverse también, supongo que para mayor placer. Después de un rato decidí penetrarla con mis dedos, le metí dos de golpe, sentí que serian suficientes, pero me pidió tres. Las penetraciones eran rápidas, toda la situación era muy excitante, ella con los ojos cerrados disfrutando del placer que yo le podía ofrecer. Sus gemidos aumentaron y entonces… Llegó al orgasmo, gritó demasiado fuerte y yo sólo pude limpiar sus jugos con mi lengua. Le di una ultima nalgada y nos acostamos en el sillón.

Me abrazó y me besó, metió su mano en mi entrepierna penetrandome, yo gemí y entonces la sacó, dejándome con las ganas. Sabia que mi tía estaba muy cansada, así que no dije nada, la lleve a la habitación y se durmió. A otro día se despidió muy alegre de mi, dándome una pequeña nalgada. Hoy sólo me queda esperar otro año para volverla a disfrutar.



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