Relatos Porno

16 julio, 2014

La verdad es que, desde bien pequeño ya me fijaba más en los hombres que en las mujeres y las niñas; sobretodo en mis profesores. Había uno que, me gustaba especialmente: era un hombre muy amable y guapo, pero éste no es el del asunto que nos ocupa.

Fue en el instituto. Como siempre, yo más que fijarme en los chicos de mi edad me fijaba en mis profesores. El de matemáticas era el más guapo, siempre vestido con traje y corbata, le quedaban muy sexy y, muy rara vez vestía de forma más formal, cuya vestimenta también le sentaba como un guante; el de lengua castellana era el más maduro, pero tenía su gracia con su barba blanca; el de física y química también me hacía tilín, pero los que más me gustaban eran los de lengua catalana y educación física. Ambos eran muy majos y muy guapos y muy todo. Eran increíbles.

Un día, en clase de educación física, me quedé embobado mirando el rostro perfecto del profesor Lapiedra. Ernesto era el hombre más guapo que había conocido nunca: con sus ojos algo pequeños, bonitos y de color azul oscuro, su cabello negro y entrecano; sus cejas pobladas pero bien peinadas; su nariz alargada y recta; unos labios carnosos que me hacían la boca agua; unos pómulos perfectos y el mentón fuerte. Su cuerpo era atlético pero sin llegar a estar musculoso, solo algo definido y lo ataviaba siempre con ropa de deporte, muy pocas veces se le veía de forma más casual. La única vez que lo vi con tejanos y camisa a cuadros fue una vez que fuimos a una sesión de cine y Ernesto era uno de los profesores que debían vigilarnos; estaba guapísimo, se podría decir que, en ese momento, me enamoré perdidamente de aquel ser perfecto.

Conmigo era muy amable, sabía que con mi condición física, mas estaba algo rellenito, me era bastante difícil sus clases y, por ello, casi siempre me pedía disculpas después de las dos horas seguidas de gimnasia y me decía que no me preocupara, que si yo lo deseaba podría acabar con ese problema, que él de joven estaba igual que yo y que, sinceramente era un chico muy guapo como para ponerme a régimen o cambiar algún aspecto de mi cuerpo. Esas palabras, cuando me enamoré eran un soplo de aire fresco que me llenaban de felicidad.

La sorpresa me la llevé un día cuando, después de ducharme y salir completamente limpio de una de sus clases, me levó a un rincón apartado y, entre susurros, me dijo que si podíamos quedar un día en su casa. Yo, deseoso de poder pasar tiempo con él, enseguida contesté que sí. Creo que algo notó en mi, que se dio cuenta de mis sentimientos y quería hablarlo conmigo en un lugar donde nadie pudiera molestarnos; en el insti había mucho chafardero.

Quedamos esa misma tarde. En el instituto, los miércoles y viernes por las tardes no había clases. Salí de mi casa a eso de las cuatro y media con un polo negro y unos tejanos oscuros y el pelo mojado, acababa de ducharme para ir bien limpio y oler bien a colonia. Subí en el autobús que pillé por suerte nada más llegar a la parada y, casi veinte minutos después, el vehículo me dejó frente al bloque de pisos donde Ernesto vivía. Era un edificio no muy alto de cinco platas; por suerte para mi, solo tendría que subir las de la entrada y ya tenía su piso a mi alcance.

Llamé al timbre y, sin contestarme me abrió la puerta principal, la traspasé y entre en la entrada iluminada por el sol y alguna lucecita de focos redondos y pequeños. Estaba muy nervioso. Y más me puse cuando, al llegar a su puerta, sin necesidad de llamar a ella, Ernesto la abrió de par en par con una gran sonrisa de dientes perfectamente alineados y blancos; era, sumamente, perfecto.

Entre en la estancia y vi un pequeño pasillo con varias portezuelas que daban a las diversas parte del piso, la cocina, habitaciones…. estaba adornado con varias plantas aquí y allá situadas en los rincones. Llegamos, yo primero porque me hizo pasar a mi muy caballerosamente, al salón, grande, con vistas no muy bonitas, pero vistas al fin y al cabo, un gran sofá de piel negra adornado con cojines blancos, una mesa para cuatro y sus sillas correspondientes y un pequeño mueble con una televisión de plasma, en ese momento apagada.

Se acercó a mi y me besó en los labios. No fue un simple pico, no, fue un señor beso. Metió su lengua explorando cada rincón de mi boca y, era lo mejor del mundo. Sentir sus carnosos labios y su lengua recorrer cada centímetro de mi boca y sentir su saliva uniéndose a la mía propia fue excitante. Ernesto lo notó y dejó de besarme.

- Lo siento – le dije, incluso con miedo.

- ¿Por qué? – se extrañó él.

Yo me encogí de hombros algo aturullado y enfadado conmigo mismo. ¿Cómo había sido capaz de empalmarme con un beso tan apasionado? ¿Cómo había podido no querer resistir la tentación del empalmamiento, tras algo que esperaba desde hacía tiempo? Con lo que yo lo amaba y, voy yo, y me pongo cachondo con el primer beso.

- Tranquilo – me dijo abrazándome – es muy normal en chicos como tú, de tu edad que, con un beso se exciten; a mi me pasaba también, y me sigue pasando.

Aun con esas palabras, no me convenció para dejar de estar malhumorado conmigo mismo.

- Mira, hagamos algo. ¿Te gustaría hacer el amor conmigo?

¿Qué si me gustaría? ¡Pues claro! Como no iba a querer perder la virginidad con ese hombre tan perfecto, ¿era una broma? Pero también me daba miedo. No lo había hecho nunca y la verdad no estaba seguro de ello. ¿Quería eso decir que si me acostaba con Ernesto, él se olvidaría de mi y no sería más que otro alumno? Yo no quería eso, yo deseaba ser definitivamente suyo y para siempre, ser su amor, su amante en la cama, su niño, su cariño, su todo, incluso el padre de sus hijos.

- No sé Ernesto. ¿Te puedo llamar Ernesto? – él cabeceó afirmativamente – Yo siento algo muy fuerte por ti. Estoy… esto…. estoy enamo… en… enamo…

Y no pude acabar de declararme porque Ernesto me hizo callar con un beso. Otra vez sentía su lengua dentro de mi y yo le daba ahora la mía, ahora que ya, más o menos, sabía como se hacía. Me rodeó por la cintura con sus brazos, poco definidos pero fuertes, y me llevó hasta su habitación sin dejar de fruncir sus labios sobre los míos. Algo me pasaba. No sabía el porque, pero algo me pasaba, me sentía excitado pero no como de costumbre. E hice algo que nunca habría hecho en otras circunstancias: llevé una de mis manos a su entrepierna y, sobre sus pantalones, le sobé su miembro que, en aquel momento, estimulado por mi mano y por mi propio yo, empezó a endurecerse.

Con sus grandes manos me fue quitando el polo negro y lo tiró al suelo como si fuera algo molesto; mirando mis tetillas, se quitó su camiseta y descubrí lo equivocado que estaba respecto a su cuerpo. Era fuerte y musculado, bien definido, algo peludo con pezones pequeños y oscuros. Acaricié su pecho de lobo con ambas manos, mientras él empezó a acariciar mis tetillas de gordito. Me estremecía del placer que daba cuando Ernesto apretaba, primero suavemente y después más fuerte, mis grandes pezones.

- Ah – gemía yo – ah, me gusta, ah.

Eso es, cariño, sigue gimiendo, me pones a cien – iba diciendo mientras llevaba sus labios a los míos de nuevo.

Sin ver más allá del cuarto de Ernesto, me llevó hasta su cama de matrimonio – no sé para que la tenía si vivía él solo – y me tumbó boca arriba. Se tumbó encima mío. Con sus manos apretaba mis pechos, mientras, yo manoseaba su escultural torso de atleta y, también, apretaba levemente sus pezoncillos.

Poco a poco, fue llevando sus labios a mi cuello. Me estremecí cuando noté la lengua recorrerlo todo. Fue bajando más y más hasta llegar a mis tetas. Cogió una con una mano dejando al descubierto el pezón y, acto seguido, se lo metió en la boca.

- ¡¡Ah, ah!! – grité

Los mordía. No los chupaba ni los lamía, los mordía y con que dedicación. Pasaba de uno a otro sin que yo me percatara del cambio. Estuvimos así unos veinte minutos, disfrutando de sus mordeduras en mis pezones. Era doloroso, pero me encantaba sentirlo. No deseaba que acabara nunca. Hasta que acabó.

- ¡No! – dije yo.

- Sí – contestó Ernesto con una sonrisa maliciosa en la cara –, Ahora viene cuando te hago mío.

- De acuerdo.

Se irguió de la cama, y se quitó los pantalones y el calzoncillo. Era enorme su pene. Nunca había visto una así, claro como voy a verlas si soy virgen, pensé. Debería medir por lo menos veinte centímetros y la verdad era que se me hacía la boca agua. Yo también me desnudé y dejé ver la mía algo más pequeña y Eernesto la sostuvo entre sus manos. Empezó a masajearmela y era algo muy rico dejar que una persona diferente a ti te la pajeara. Yo no me quedé atrás e hice otro tanto pajeando la suya con fervor. Ambos gemíamos de placer, era el éxtasis más grande del mundo. Pero iba errado, el mayor éxtasis vendría más tarde. Ahora tocaba hacer otra cosa.

- Siéntate – me dijo dulcemente cogiéndome de un mano y guiándome al borde de la cama.

Yo le hice caso y me senté. Ernesto empezó a pasar el glande rosado y toda su polla por toda mi cara; yo la buscaba con pasión, la quería sentir ya. Y entonces vino. Me la metí en la boca más de lo podía un novicio y me atraganté. Volví a intentarlo con menos presión y saboreé todo el glande. Lo lamía con mi lengua, lo besaba, lo chupaba como si un polo de hielo se tratase. El sabor era exquisito, a orín y el líquido pre seminal, así supe como sabía un hombre y, poco a poco fui tragando más tronco de aquel pedazo de carne. Pensé que, como era novato en eso y era mi primera vez, a Ernesto no le gustaría mi mamada, pero era todo lo contrario; gemía levemente y más fuerte cuando el glande por fin entró por mi garganta. Aquello me provocó una arcada, pero me reprimí y a Ernesto se le puso aún más dura y se mordió el labio inferior del gusto. Estuvimos así no sé cuanto rato, pero al final noté como la polla de Ernesto se contrajo un tanto y:

- ¡¡¡AAAAAAAAAAH!!! ¡¡¡AH, AH, AH, SÍ!!!

Me llenó toda la boca de leche, su semen. Era viscoso y caliente y tenía mal sabor, pero por alguna extraña razón, me gustó sentir aquello entrar en mi boca. Al final acabé tragando y Ernesto me dijo que le gustaban las mamadas así y que aquel momento no había acabado. Yo seguí bien caliente y con la polla bien tiesa y me gustó que no acabase ya. Ernesto se agachó y se la metió entera en la boca hasta mis testículos.

- ¡JODER! – gemí.

Era placentero, demasiado placentero como poder explicar con palabras lo que se siente con una mamada. Era húmedo, eso sí, pero inexplicable.

Pensé que llegaría a correrme cono había hecho Ernesto, pero no me dejó llegar al final. Por el contrario, me dijo que me pusiera allí mismo, en el borde de la cama a cuatro patas y así lo hice. Él manoseó mis nalga y las cacheaba fuertemente dándome placer. Separó las nalgas y noté un airecillo que nunca había sentido en aquella zona, como siempre estaba bien tapada. Fue agradable. Aunque más agradable fue sentir su boca en mi ano, cosa que me hizo estremecer y gemir. Metió la lengua sin ningún pudor y también me rea inexplicable lo que llegaba a sentir dentro de mi ano con su húmeda lengua entrando y saliendo por el ano. Con la lengua metió un dedo; yo me notaba algo raro en el ano, pero me gustaba mucho. Y metió un segundo y los iba moviendo de adentro hacía fuera repetidas veces. Y metió un tercero y un cuarto. Poco después ya tenía el puño entero entrando y saliendo de mi ojete desgarrándome de forma dolorosamente agradable, pero enseguida lo saco.

Me llevó hasta tumbarme de nuevo en su cama – ésta vez boca abajo – y llevó su polla, de nuevo erecta a mi boca. Yo comencé a chuparla de nuevo. Es para lubricarla, me dijo, y así estuve un rato hasta que ya vio suficiente y se puso tras de mi, cogiéndome por la cintura y levantando un poco mi cuerpo hasta dejarme de nuevo a cuatro patas.

Sin previo aviso noté como me metió casi la mitad de la polla por el ojete. ¡Dios, que dolor! Yo grité como nunca había gritado.

- Relájate – me dijo – ya verás como dentro de poco te gusta.

Y, poco a poco, la tuve toda dentro de mi, todo aquel pedazo de carne tan delicioso. El dolor era agudo y no noté en ningún momento que aquello me gustase. Ernesto empezó a mover su pelvis poco a poco y notaba como salía casi toda para luego volver a entrar al abrigo que le proporcionaba mi ano. Cada vez fue dando bandazos más rápidos y yo gemía lastimeramente. Hasta que, Ernesto la sacó casi por completo y estuvo un segundo sin hacer nada. Yo deseaba hacerlo, pero me dolía y me sentía molesto conmigo mismo por no darle a aquel hombre tan perfecto lo que se merecía. Entonces embistió muy fuertemente haciéndome gritar más alto aún de lo que ya lo había hecho en toda la tarde. Volvió a sacarla hasta el glande y volvió a embestir, de improviso, haciendo sonar su pelvis con mis nalgas. Y así hasta que mis gritos fueron más un gemido de placer. Cómo había cambiado aquello, no tenía ni idea, sin previo aviso deje de notar el dolor para sentir uno aún más agudo pero más placentero.

Poco a poco, las embestidas de Ernesto eran más fuerts hasta llegar a, lo que se dice, follar duro. Yo gemía y gemía como una perra en celo y Ernesto más excitado se ponía follándome al culo de aquella manera tan lujuriosa. Embestía y embestía ¡Pam, pam pam! Iba haciendo su pelvis chocando contra mis nalgas fofas. Y pam pam también iba haciendo su mano izquierda que pegaba, certeramente, mis dos nalgas; la otra me tiraba del pelo, pero evitaba que fuera muy fuerte, yo solo notaba que me tenía agarrado pero no sentía el tirón del cabello. De ahí paso su mano por todo mi lado derecho del cuerpo hasta llegar a mi polla dura y comenzó a pajearme ricamente. Era muchísimo mejor así, con una polla entrando y saliendo bien fuerte por el culo.

La sacó. Yo pensaba que, a lo mejor, se había corrido pero no era el caso. Me dio la vuelta, dirigió mis pernas hasta caso tocar mis rodillas con mis tetas y volvió a empotrarmela tan fuerte que mis gritos deberían de oírse incluso en mi casa. Volvió a masturbarme. Así estuvimos bastante tiempo, no podría decir cuando porque para mi se paró con el primer beso que me dio nada más entrar en su casa. Hasta que, por fin, me corrí.

- ¡¡¡¡OOOH!!!! ¡¡¡¡OOH!!!! ¡¡Aah!! ¡¡Ah!! Ah

- ¡¡¡¡SÍIIIIIIIII!!!! ¡¡¡OOOOH!!! ¡¡Oooh!!!

Nos corrimos a la vez. Ernesto me dejó todo el ano lleno de su rica leche, Sentí como le salía bien calentita cuando yo me corrí. Era estupendo, lo mejor del mundo.

Y desde aquel día fui el gran amor de Ernesto y él el mío y, cada vez que follabamos era el mayor momento de nuestras vidas.

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Recomiendo leer las dos primeras partes para darle un poco de continuidad a este capitulo

Después de haber recibido por el culo y haberle metido el puño al marques, pocas cosas nuevas podían pasar.

Este Viernes llegará un grupo de personas y habrá una gran fiesta, te puedes marchar de finde o quedarte, lo que tu prefieras, me dijo Raul. Me lo pensé un momento y decidí quedarme, seguro que me lo pasaría mejor.

Llegó el viernes y empezaron a llegar invitados, fueron unas 20 parejas de toda clase de edades.

Por la noche ese montó una gran cena tipo buffet en los jardines, las damas iban todas muy elegantes con unos vestidos muy atrevidos, todas con medias negras y grandes tacones, los tíos iban un poco mas informal, lo camareros eran los empleados de la casa las cuatro camareras, los cuatro negros y los dos árabes, todos perfectamente ataviados.

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Todavía hoy me arrepiento de lo que os voy a contar. Aunque han pasado años, reconozco que fui y quien yo la pifió. Aunque estaba viviendo en un paraíso terrenal con dos bellezas a mi disposición, debido a la facilidad con la que bajaba mi bragueta, lo eché todo a perder.

Por el aquel entonces y quizás por mi juventud, no me di cuenta que, para Andrea y Laura, éramos una peculiar familia. Nuestra relación era importante y por eso no fueron capaces de perdonar mi desliz y me alejaron de su lado.

Reconozco que fui un gilipollas, un niñato que al tener un nuevo culo al que echar mano, me olvidé de lo que tenía en casa. De haber recapacitado antes, nunca me hubiera dejado llevar por mi lujuria.

El triste desenlace de nuestra efímera unión se produjo a raíz de una fiesta con la que mis dos amantes quisieron celebrar mi cumpleaños….

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El siguiente relato ya fue publicado hace algunos meses en la página, por descuido mío en una parte de la historia coloque el nombre de “Carlos” el cual provoco una gran confusión en la historia. Luego de subido este capítulo subiré el segundo que de igual forma ya había sido publicado meses antes pero en aquel también tuve una confusión de nombres (Lo sé al parecer se volvió algo natural XD) y en los diálogos ocurrió una confusión por el tipo de redacción que tome. Los errores anteriormente señalados fueron corregidos en la nuevas subidas y además decidí comenzar a subirlo de nuevo para que no le pierdan el hilo en este momento que tengo mucho tiempo para escribir.

No siendo más saludos y reitero y reitero mis disculpas por algo que se me salió completamente de control.

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14 julio, 2014

SINOPSIS: Verónica DelValle es una abogada de 35 años que lo tiene todo (dinero, un buen trabajo, un prometido que la adora) hasta que alguien la asesina. En el purgatorio, le dan a elegir entre ir al infierno por sus malas acciones o volver a la tierra, durante seis meses, para tratar de resolver sus asuntos pendientes y ganarse así la entrada al cielo. Ella escoge la segunda opción, pero no contaba con que se reencarnaría en el cuerpo de Fabián, un chico de 24 años que ha estado en coma desde que sufrió un accidente mientras practicaba escalada. Por si estar dentro del cuerpo de un hombre no es bastante malo ya de por sí, Verónica se da cuenta de que, poco a poco, está convirtiéndose en uno. Cada día que pasa dentro de Fabián, sus recuerdos e identidad se diluyen en los de su anfitrión. Sin embargo, eso no impide que ella/él siga queriendo a Diego, su prometido, pero es imposible que éste le corresponda… ¿O no?”.

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Y así empezó mi nueva vida , metiéndome esa noche en la cama con tres hermosas mujeres . Yo sabía que mi afirmación de que ninguna iba a quedar insatisfecha me podía costar la salud , pero uno de joven tiende a ser imprudente , y yo lo fui.

La cama de Amalia era grande , pero cuatro cuerpos son muchos cuerpos , de modo que no había manera de no estar revueltos y unos medio encima de otros . Con las tres tendidas en la cama yo me eché encima de las tres , cruzando los tres cuerpos . Me tocaron las tetas de María , el vientre de Lucía y los muslos de Amalia .

No había todavía aterrizado cuando la mano de Amalia tomo posesión de mi miembro .

Quien no haya estado en esta situación no puede imaginar el morbo de tener a una madre y a sus dos hijas a tu disposición . Amalia , tomando el papel de jefa del grupo propuso :

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Te voy a contar como fue la primera vez que me hicieron el amor, yo tenia 18 años y estudiaba la prepa, en una fiesta conocí al hermano de una amiga, un chico muy guapo que se llama Samuel, el era un poco mas grande que yo, tenia como 23 años, es mas alto que yo, le llego a la altura del hombro, cuando lo conocí el tenia el pelo un poco largo y un poco de barba, lo que notas cuando lo vez es que le gusta hacer ejercicio por que usa siempre playeras pegaditas que hace que se marque mas su cuerpo, en fin, en esa fiesta yo estaba con mi amiga y me dijo:

-oye Diana mi hermano te quiere conocer

A lo que yo hice mi cara de ush, pero le dije ok vamos.

Nos acercamos a el que estaba con sus amigos creo, y su hermano me dijo:

-Hola Diana!

Yo respondí

-Hola… como sabes mi nombre?

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Mis tíos nos invitaron a mí y mi novio a un fin de semana en su casa de playa, al sur de Uruguay, en el departamento de Rocha más precisamente hablando. Escapada de otoño en la playa “La Viuda”, poca gente, no lo pensamos mucho. De hecho hice lo posible para arrastrar conmigo a mi hermano Sebastián, quien definitivamente se merecía más que nadie una desconexión debido a una reciente ruptura sentimental.

A priori la idea era genial. Alejarnos de la vida rutinaria, cortar con el bullicio de la capital, del incesante murmullo de las calles, del aire pesado y las responsabilidades del día a día que amenazaba con volvernos locos. Un fin de semana lejos de todo aquello que resemblara nuestra vida rutinaria.

Lo observaba a veces, a mi hermano, acostado en el asiento trasero, manos tras la cabeza, observando el cielo a través del vidrio con mirada melancólica. Ese no podía ser él. El pesado, idiota y misógino que yo tanto amaba se había deshecho y solo quedaba un despojo irreconocible. A veces acercaba mi mano y enredaba mis dedos entre los de él para juguetear, pero simplemente no estaba con ánimos para corresponderme.

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Me siento feliz de ver a Mateo dormir, de saber que está conmigo y me encanta despertar con él al lado, me fascina dormir con él, es increíble la sensación de dormir con alguien y despertar a su lado y es aún más bonito saber que si las cosas van bien así serán las noches y los amaneceres por muchos años.

La situación de estar una semana en mi casa y no en la de mis papás la arreglé diciéndoles que las vacaciones habían terminado y que tenía que regresar ya a Pachuca a arreglar cosas de la reinscripción, Mateo me acompañó por ropa y otras cosas.

-Santi, te estas llevando casi toda tu ropa- dijo mi mamá extrañada por eso

-ay ma, es que ya no voy a venir todos los fines, a lo mejor vengo una vez al mes a lo mucho.

-¿y eso por qué?

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Hola amigos, se acuerdan de mi? Soy Lucia y estoy feliz de estar entre ustedes, luego de mis vacaciones. Ya de nuevo en casa, pienso que será todo igual, mi rutina, mis amigos y por supuesto mis amos don Pedro y doña Elvira, a quien he extrañado mucho. No bien tuve un tiempo libre y solita, los llamé por teléfono:-“Hola amo don Pedro soy su esclava Lucia, para avisarle que ya estoy en casa”- no bien dije eso me colgó, sabía que tenía que tener paciencia pues ellos hacen lo que quieren de mí y yo por supuesto estoy para servirles, me encanta que me usen como deseen.

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